Artritis Reumatoidea
¿Qué es la artritis reumatoidea?
La artritis reumatoidea (AR) es una forma común de artritis (artr: articulación; itis: inflamación) que produce inflamación en el revestimiento (sinovio) de las articulaciones, causando calor, hinchazón y dolor en la articulación. La artritis reumatoidea tiende a persistir durante muchos años, suele afectar diferentes articulaciones del cuerpo, y puede causar daños en cartílagos, huesos, tendones y ligamentos de las articulaciones.
En los Estados Unidos, aproximadamente el 1 por ciento de la población, unos 2,1 millones de personas, padecen de AR. Cualquiera puede contraer AR, incluso niños y ancianos, y la enfermedad varía de una persona a otra. Sin embargo, la enfermedad suele comenzar en el período inicia lmedio de la edad adulta. Entre las personas con AR, las mujeres superan a los hombres en una proporción de tres a uno. La enfermedad se presenta en todos los grupos étnicos y en todas partes del mundo.
¿En qué se diferencia la AR de otras formas de artritis?
Una forma importante de distinguir la AR de otros tipos de artritis es por el patrón de las articulaciones afectadas. Por ejemplo, la AR afecta la muñeca y muchas de las articulaciones de la mano pero, por lo común, no afecta las articulaciones que están más próximas a las uñas. Por el contrario la osteoartritis, un tipo de artritis más común, afecta más a menudo las articulaciones más próximas a las uñas que otras áreas de la mano. Otras articulaciones que pueden verse afectadas por la AR incluyen los codos, hombros, cuello, mandíbula, caderas, rodillas, tobillos y pies. La espina dorsal no suele ser afectada directamente por la AR, a excepción del cuello. No obstante, debido a que tanto la AR como la osteoartritis son comunes, es muy posible que una persona padezca estas dos dolencias.
En las personas con AR, las articulaciones en ambos lados del cuerpo tienden a verse afectadas. Es decir, si los nudillos de la mano derecha están inflamados, es probable que algunos nudillos de la mano izquierda también lo estén.
El patrón general de las articulaciones afectadas, junto con ciertos resultados en pruebas de laboratorio, hacen posible que un médico pueda distinguir la AR de otras dolencias
¿Cuál es la causa de la AR?
Todavía no se conoce la causa de la AR. Sin embargo, el sistema inmunológico del cuerpo desempeña un papel importante en la inflamación y en el daño que la AR ocasiona en las articulaciones. El sistema inmunológico es la defensa del cuerpo contra bacterias, virus y otras células ajenas. En la AR, el sistema inmunológico funciona incorrectamente y ataca las propias articulaciones del cuerpo y otros órganos.
En la AR, las células del sistema inmuno-lógico se desplazan del sistema vascular e invaden los tejidos de las articulaciones, causando inflamación. El líquido que contiene las células inflamadas se acumula en la articulación. Las células inmunológicas e inflamatorias en el tejido y en el líquido de la articulación producen muchas sustancias, entre las que se incluyen enzimas, anticuerpos y otras moléculas (citosinas), que atacan la articulación y pueden dañarla.
El papel de los genes
Los genes desempeñan un importante papel en el desarrollo de la AR. No obstante, los genes que se asocian con la AR no se heredan de una forma simple o directa; es decir, no se transmiten directamente de padres a hijos. En su lugar, los genes crean una susceptibilidad o tendencia a incrementar el riesgo de desarrollar AR. De hecho, muchas personas con estos genes no padecerán nunca de AR. Algunos de los genes que influyen en la tendencia a desarrollar AR incluyen los que controlan el funcionamiento del sistema inmunológico. En la actualidad, los científicos están realizando investigaciones para aumentar nuestra comprensión de estos genes, así como de otros factores (como infecciones, lesiones, cambios hormonales y factores medioambientales) que pueden conducir al desarrollo de la AR.
¿Es la infección un desencadenante?
Muchos médicos y científicos creen que la AR podría desencadenarse a causa de una infección, aunque esto no ha sido demostrado hasta la fecha. La artritis reumatoidea no es contagiosa. Es posible que un germen, al cual casi todo el mundo está expuesto, haga que el sistema inmunológico reaccione de forma anormal en individuos susceptibles a contraer AR.
Todavía no se conoce la causa de la AR. Sin embargo, el sistema inmunológico del cuerpo desempeña un papel importante en la inflamación y en el daño que la AR ocasiona en las articulaciones. El sistema inmunológico es la defensa del cuerpo contra bacterias, virus y otras células ajenas. En la AR, el sistema inmunológico funciona incorrectamente y ataca las propias articulaciones del cuerpo y otros órganos.
En la AR, las células del sistema inmunológico se desplazan del sistema vascular e invaden los tejidos de las articulaciones, causando inflamación. El líquido que contiene las células inflamadas se acumula en la articulación. Las células inmunológicas e inflamatorias en el tejido y en el líquido de la articulación producen muchas sustancias, entre las que se incluyen enzimas, anticuerpos y otras moléculas (citosinas), que atacan la articulación y pueden dañarla.
¿Cuáles son los síntomas?
Los efectos de la AR varían de una persona a otra. En casi todas las personas que padecen de AR, los síntomas en las articulaciones varían de un día para otro, aunque siempre existe un cierto grado de artritis. En algunas personas, la enfermedad puede ser benigna, con períodos de mayor actividad (en los que la inflamación de las articulaciones empeora) conocidos como períodos de agudización. En otras, la enfermedad permanece activa continuamente y empeora, o progresa, con el paso del tiempo. Alrededor de una de cada 10 personas con AR tiene un episodio aislado de actividad de la enfermedad (o inflamación de las articulaciones), seguido por una remisión asintomática prolongada.
Si usted padece de AR, es probable que sienta ardor, hinchazón, hipersensibilidad y enrojecimiento y dolor frecuentes, además de dificultad de movimiento en las articulaciones. Estas señales físicas de la artritis se deben a la inflamación del revestimiento, o sinovio, de las articulaciones. Las células del sistema inmunológico que penetran en el sinovio prolongan esta inflamación y pueden causar daños en el tejido. Si esta inflamación persiste o no responde bien al tratamiento, puede dar lugar a la destrucción de cartílago, hueso, tendones y ligamentos cercanos. A menudo, esto conduce a deformidades en las articulaciones así como a discapacidad, y puede resultar permanente.

La artritis reumatoidea puede hacerle sentirse completamente enfermo, particularmente durante los períodos de agudización. Puede perder el apetito, adelgazar y tener fiebre baja y poca energía. Puede volverse anémico; es decir, puede tener un número de glóbulos rojos más bajo de lo normal. Una quinta parte de las personas con AR también presenta nódulos reumatoideos, que son bultos de tejido que se forman bajo la piel, a menudo sobre áreas óseas expuestas a presión. Estos suelen formarse alrededor del codo, pero pueden encontrarse en cualquier parte del cuerpo, como los dedos, sobre la espina dorsal o en los pies.
En ocasiones, personas con AR presentan inflamación de los revestimientos que rodean al corazón (pericarditis) y los pulmones (pleuritis) o inflamación del propio tejido pulmonar. La sequedad de ojos y boca causada por la inflamación de las glándulas lacrimógenas y salivares (llamada síndrome de sequedad o síndrome de Sjögren), también es frecuente.
En ocasiones, las personas con AR pueden presentar vasculitis (inflamación de los vasos sanguíneos), que puede causar una inflamación que afecte la piel, los nervios y otros órganos o tejidos.
¿Cómo se diagnostica la AR?
Para diagnosticar la AR, su médico preparará un historial clínico y realizará un examen físico. El médico buscará ciertas características de la AR, incluyendo hinchazón, calor y movimiento limitado en las articulaciones, a través de todo el cuerpo, además de nódulos o bultos bajo la piel. Su médico también podría preguntarle si ha experimentado fatiga o una sensación general de rigidez, especialmente al levantarse por las mañanas, ya que estos dos síntomas están asociados con la AR. El patrón de articulaciones afectadas y no afectadas puede ayudar a distinguir la AR de otras dolencias.
Su médico también podría recomendar ciertos análisis de sangre y rayos X. La presencia de un anticuerpo llamado factor reumatoide puede ser un indicio de AR, pero el factor reumatoide se halla también en muchas personas que no padecen de AR. Otras anormalías en pruebas de laboratorio incluyen anemia y una elevada tasa de sedimentación de eritrocitos (ERS) o proteína reactiva C (PRC), la cual indica la presencia de inflamación. Aunque estos análisis de sangre pueden ser útiles para establecer un diagnóstico, no hay una prueba única que pueda establecer o excluir un diagnóstico de AR.
Aunque durante la primera etapa de la AR los rayos X suelen resultar normales, los daños articulares que aparecen en los rayos X a medida que progresa la enfermedad, pueden ayudar a confirmar el diagnóstico. Entre los resultados que suelen sugerir la presencia de AR se incluyen pérdidas de hueso en los márgenes de la articulación – llamadas erosiones – combinadas con pérdidas de cartílago. Ya que el diagnóstico de la AR requiere experiencia clínica, se recomienda consultar con un reumatólogo siempre que haya dudas sobre el diagnóstico.
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